Historias del Barrio en los Ochenta: se forma la pandilla

Definir un barrio suburbano cualquiera en los años ochenta parece complejo, pero no es así. Yo me pongo a conversar con gente dispar y cuando llegamos a la temática apodada “recuerdo”, pues empiezan a surgir las similitudes.

Está claro que no voy a ponerme a relatar la historia completa de mi barrio ni el de Panther McFly, que a pesar de estar distantes tienen mucho en común. La verdad es que tuve el privilegio de vivir a las afueras de la gran urbe lo que permitía a los amigos y vecinos vagar indefinidamente por descampados, casas abandonadas, huertos y selva tropical, como así me gusta llamarla aunque fuesen cuatro flores, cañas, las zarzas y el hinojo.

Lo que quiero es meterte de lleno en aquellos años con cuatro conceptos…y ya verás si lo consigo, ya verás. Otra cosa: no hago referencia explícita a bandas de delincuentes ni a quinquis, simplemente a las pandillas de niños que se juntaban sin importar edades, situación económica o social en la que vivían o incluso higiene….porque habían algunos que olían a chotuno que tiraban para atrás.

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Que luego, algunas de estas pandillas infantiles madurasen y algunos de sus miembros pasasen al bando de la delicuencia juvenil, pues ya es otra cosa mariposa.

Para empezar, toda historia tiene un principio. Mi barrio, en un principio, lo conformaban varios bloques de pisos. Dentro de cada barrio podían haber varias bandas o pandillas diferentes. Eso era según los vecinos que se juntaban o los amigos que allí jugaban. El rango de edad era importante, y luego estaban…los gitanos, por supuesto.

¿Cómo se formaba una pandilla?

La mejor época para entablar las primeras relaciones era en verano. Salías a la calle y te ponías a vagar con cualquier cosa: con la bici, con una pelota, con la peonza, las canicas, con un globo, con un rastrillo para cavar hoyos, con 10 pesetas para ir al quiosco….vamos, lo que sea….

Entonces, por arte de magia, siempre acudía alguien en tu socorro. Mirabas a las ventanas en busca de que alguien bajase a la calle y punto. Te daba igual quién fuese. Lo importante es que ya no estabas solo.

Si esto pasa al revés, pues entonces estabas dentro de casa mirando por la ventana y veías a un vecino en la calle jugando solo. Ibas a tu madre o a tu padre y le preguntabas,¿puedo bajar? ¿puedo bajar a la calle? Está fulanito ahí.

La respuesta no era tan directa. Tu madre te miraba con cara de ¿has hecho los deberes? ¿has recogido lo que te de dicho?. Entonces, ponías la mejor de tus caras flamantes y como si te tuviesen secuestrado o secuestrada en una habitación. Bueno, lo que haces ahora TÚ con tus hijos, si los tienes.

Cuando esta operación se repetía con varios vecinos, entonces se formaba una pandilla. Y esta pandilla perduraría el resto del verano e incluso todo el año. Luego, ya no hacía falta tanto permiso porque el poder de los niños era tremendo cuando se juntaban.

Las madres resignadas a que sus hijos estuviesen en la calle vagando no tenían más remedio que proporcionarles lo que muy bien sabían: power up! energía….vamos, el bocadillo. El bocadillo de sobrasada, de nocillo, de atún, de la piara,….lo que sea.

En verano, era más habitual que este bocadillo fuese ya la cena ya que por la tarde, sobre las 17h, la mayoría de vecinos estaban en la piscina y el calor era abrasador. Esto hacía que las aventuras se retrasasen hasta bien entradas las 19.30h……o incluso más tarde.

Objetivos de la Pandilla

Los objetivos de la pandilla son bien claros: imitar a las bandas callejeras más populares del barrio o algo que se haya visto no hace poco y esté “de moda”.

Como alternativa la pandilla de niños y niñas tenían además otros objetivos:

  • Inventar multitud de juegos para no aburrirse (escondite, bote-bote, comba, charanga, mosca que voy, el potro, arrancar cebollas, pilla-pilla, cuba-libre, la peste, ….).
  • Investigar cualquier novedad o misterio de alrededor. Exploración e investigación son principios básicos de los niños ochenteros.
  • Saltar cualquier verja o valla con el fin de encontrarte bajo la “ilegalidad”.
  • Conseguir atraer a los feriantes que vienen al pueblo para que te den una ficha
  • Tirar piedras a los trenes que pasaban llenos de coches nuevos y si no hay trenes, pues robar los tapones de los coches….que si son de hierro, pues mejor quedan en las bicis.
  • Formar un equipo de fútbol que les representase. Esto se traducía a equipo de futbol, de basket, de béisbol, de volleyball y de lo que sea.
  • En Junio, colaborar sin descanso y bajo condiciones extremas en la formación de la hoguera de San Juan. Además de ello, turnarse para vigilar que nadie se lleve cosas, ni tampoco que la queme días antes.
  • Tener un lugar secreto o una cabaña donde reunirse. Las cabañas constaban de cartón, cuatro palos, ruedas varias y cañas de los huertos. Los privilegiados eran aquellos que conseguían palés.
  • Establecer un sistema de defensa ante cualquier amenaza o agresión por parte de otra banda. Esto implica un líder para las relaciones diplomáticas, un refugio extra donde se enconde el material bélico como los palos, tirachinas y pedrolos de todos los tamaños….y también algún contacto para situaciones de emergencia en el que otra banda más temible pueda ayudarnos en la batalla.

Código de Honor de una Pandilla Ochentera

  • Si se pelean dos de la misma banda, que se aclaren entre ellos. Cuando estén a punto de matarse, entonces separarlos. Luego, dejar al más loco que se vaya a su casa, o formar dos grupos para que cada uno se vaya con el que se ha peleado con el fin de volver a firmar un acuerdo de paz.
  • Si hay un chivato o un traidor se le margina eternamente. Como métodos de perdón: el pasillo, mosca que voy, o se le hace la vaca y se le deja en porretas en medio de la calle.
  • Si la poli, por el motivo que sea, engancha a uno…..pues salimos el resto corriendo y a esconderse dónde se pueda. En su defecto, se vuelve pronto a casa. Cada uno se busca la vida como puede…
  • Si es la policía la que interviene en una pelea, o cualquier cosa extraña del barrio en la que nuestra banda no esté implicada, entonces aparecer rigurosamente en el sitio con ganas de colaborar con el cuerpo y contar lo que ha pasado.
  • Si alguien roba algo se lo queda. Si alguien roba o consigue cigarros, entonces se comparten.
  • Si alguien viene con una pelota, la pelota es del grupo entero.
  • Está permitido pegar un bocado al bocadillo del compañero siempre y cuando el “gordo” no los pruebe todos.
  • Si alguien se pierde alguna aventura algún día, se le cuenta de pe a pa al día siguiente.
  • Si alguien se pone enfermo, entonces picar cada día a su casa para ver si está recuperado y baja a la calle.
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