Clasificación de los Compañeros de Clase en los años 80 y 90

Si señor@s, queramos o no, todos hemos sufrido las temidas “clasificaciones” por parte de nuestros compañeros de clase. Y por lo que hemos podido sacar en claro tras unas copas de más con otros amigos viejun@s, estas clasificaciones eran compartidas en todos los colegios de cualquier categoría y de diferentes poblaciones. Yo misma las he sufrido en mis carnes, pero como no quiero abrir antiguas heridas en mi salud mental, prefiero ahorrar detalles y centrarme en comentarlas a nivel general (si consideras que me olvido alguna, estoy abierta a sugerencias).

colegio años 80

  • El empollón: La figura del empollón de clase no podía faltar. Representaba lo que en el futuro sería el éxito profesional (aunque en su momento tan solo servía para descargar tus frustraciones estudiantiles metiéndote con él). Generalmente se trataba de un tipo educado, atento y pulcro. Como complemento solía llevar chalecos, parcas, zapatos limpios, cartera impoluta (sin garabatos, firmas, dibujos ni graffitis obscenos) y, sobretodo, las gafotas de pantalla plana (de esto hablaremos más adelante). Con el empollón podían ocurrir dos cosas: que continuara con su buen camino a lo largo de su vida, cosechando éxitos y sabiduría a cascoporro, o bien, que tras pisar el instituto y conocer a gente nueva que le abran los ojos de otros caminos alternativos, acabara por abandonarlo todo para adentrarse en un nuevo mundo de campanas, cigarros a escondidas, frases malsonantes a los profes y visitas al psicólogo del colegio.
  • El “abusananos”: ¿Quién no ha recibido una paliza sin venir a cuento de este personaje?. El “abusananos” era la figura más temida del colegio. Generalmente se trataba de un niño más bien corpulento (en los 80’s, corpulento era sinónimo de gordo), mal estudiante, poco agraciado y con tendencias bipolares. Tu ibas tan tranquilo al colegio con tu cartera cuadrada y tus bambas Kelme y, de repente, esa mole (seguida por sus secuaces) venía con cara de pocos amigos hacia ti con el puño cerrado….¡¡¡Diosss, que me mata!!!. La cosa se te acercaba más y más hasta que ejercía su primer contacto físico contigo: El empujón. Algo tan sencillo como un empujón hacía que tu cara se quedara pálida, tus mofletes se enrojecieran (mezcla de vergüenza y pavor) y por tu mente pasara toda tu vida en un segundo. “¿Qué pasa?¿Qué he hecho?”. La respuesta es simple: NADA. No hacía falta un motivo para que el abusica te diera una paliza hasta reventarte. Simplemente, ese era tu día escogido y punto. Con el paso de los años, algun@s hemos podido ver de nuevo a ese personaje y estamos más tranquil@s porque ya están recibiendo su medicación…
  • El gracioso: Este personaje solía caer bien a todo el mundo. Siempre chistoso, con alguna pardada bajo la manga, dispuesto a hacerse notar ante toda la clase. Generalmente actuaba por libre, no formaba parte de ningún grupo en especial. Estaba ahí y punto. El gracioso casi siempre tenía un perfil más bien “enclenque”, lo cual me hace reflexionar y pensar que su única arma de defensa contra matones y abusicas era utilizar sus bromas y su capacidad para alborotar cuando el profe se ausentaba de clase (motivo por el cual muchas veces acababa recibiendo castigos la clase entera).
  • El mocoso: Un perfil un tanto peculiar el del mocoso…¿Por qué en todas las clases había un chaval al que siempre le asomaba un moco verde y seco de las fosas nasales?. Es algo inexplicable pero cierto. No había clase de EGB que no contara con la presencia de este personaje. En la mía había uno y puedo jurar que su moco verde siempre le acompañó a clase. Creo que acabó convirtiéndose en una especie de proceso parasitario, ya que por más que se limpiara la nariz (con la lengua, no con un pañuelo…), el moco volvía a invadirle. Tu hablabas con el chaval, pero lo único que podías mirar era su moco palpitando en su nariz. ¡¡Un pañuelo, por favor!!
  • El jefe: Era el que dirigía el cotarro, el rey supremo del rebaño y el que dictaba las normas. Si el jefe decidía que ese día toda la clase tenía que ir a por ti, no te quedaba otra que acatar la norma y vivir acojonado hasta que el jefe decidiera fijarse en otro. El jefe nunca iba solo, siempre le acompañaban sus súbditos (casi siempre corpulentos y folloneros), con lo cual tenías que tener sumo cuidado de no enemistarte con sus coleguitas guardaespaldas, ya que el chivatazo estaba más que asegurado. Gozaba de inmunidad absoluta por parte de los matones de clase, y todo el mundo quería sentarse a su lado cuando se iba de excursión, por lo menos, una vez en la vida. Lo peor de no llevarte bien con el jefe era la soledad que esto te acarreaba. A mí me ocurrió una temporada, pero no quiero hablar del tema…
  • El solitario: De este personaje poco se puede decir, ya que no se relacionaba prácticamente con nadie. El solitario era catalogado como “el raro”. Se sentaba en el pupitre de la esquina trasera y allí hacía vida. En el patio, solía comerse su “bocatachorizo” en un rincón y no jugaba con nadie. Tu ahora piensas “pobrecillo, que lástima…”, pero NO, porque el solitario era feliz así. Si alguna vez se le proponía participar en algún juego (charranca, cuba-libre, bidrón, churro-mediamanga-mangotero, arrancar la cebolla), él te decía que no, y aún quedabas tu como un idiota. Podíamos pasar ocho años de colegio juntos, y no saber absolutamente nada de él. A día de hoy, estos solitarios son genios informáticos y están forrados hasta el ojete.
  • El gordo patata: También conocido como la foca Sivert, era un chaval que siempre vestía con un chandal, aunque nunca jamás en la vida lo vimos en una clase de gimnasia. Mientras los demás nos estirábamos en las espalderas (por cierto, ¿alguien ha vuelto a ver una espaldera en un gimnasio…?), o saltábamos al potro, el gordo patata se quedaba sentado en un rincón leyendo un cómic o acariciando su bocata de chorizo. Era típico en un autocar de camino a una excursión, ver a este personaje comiéndose la merienda antes de llegar al lugar. Cuando se participaba en juegos comunes, siempre se quedaba el último ya que nadie lo elegía para su equipo. Y lo pero de todo era que te tocara en la última posición en el churro-mediamanga-mangotero, ya que este personaje nunca conseguía saltar más allá, con lo cual tu espalda tenía todos los números de sufrir una rotura.
  • El tontito: No es que fuera retrasado, pero sí algo lento y corto de entendederas. Le costaba leer rápido (esto suscitaba alguna que otra risilla cruel), era malo en mates y tenía una expresión como de felicidad contínua en la cara. Solía recibir parte de las collejas del matón de clase y continuamente era engañado por el jefe haciéndole creer que era su amigo solo para conseguir que hiciera lo que el jefe quería. Acabó convirtiéndose en un repetidor nato, con lo cual acababa siendo el mayor de la clase, sufriendo así un proceso de metamorfosis para acabar siendo el malo de clase.
  • La Barbie: Era la niña guapa de clase, a la que todos los niños querían levantar la falda para verle las bragas. Solía ser una niña bien, pijita y estudiosa. Con el tiempo, cuando se dio cuenta del efecto que generaba en el género masculino, acabó transformándose en la guarrilla de clase, con lo cual no hacía falta que los niños se las ingeniaran para levantarle la falda porque ya lo hacía ella…
Bueno gente de sencillos, hasta aquí mi clasificación. Si algun@ quiere aportar ideas, estamos abiertos a sugerencias. Cuant@s más seamos, más reiremos.
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